No hay nada de malo si es cuestión de una revisión de rutina… pero en esta ocasión no fue así… aunque “lo bueno” es que tampoco fui yo el afectado. Pero imagínense que están por irse a dormir, escuchan un golpe y resulta que una de las personas que más amas en el mundo se cae y requiere que lo lleves al hospital porque se hizo daño.
En verdad fue un momento de mucha confusión, no había razón por la cual esto hubiera pasado, todos estábamos por ir a la cama, y quien se lastimó ya estaba en la cama! He de confesar que los siguientes minutos fueron de mucho estrés.
Siempre he estado orgulloso de que nuestro servicio de emergencias, el 9-1-1, es un servicio excelente y que reacciona muy bien. Pero en este caso, un servicio de horror. Durante 15 minutos estuve dando santo y seña de cómo llegar a mi domicilio; cuando todo era muy claro me piden aguarde a que me llamen para la confirmación de la ambulancia.
3 minutos más, suena mi celular y hay otra persona en la linea… quien comienza de nuevo a hacer la explicación de dónde está mi domicilio. Ustedes díganme, si la persona que está en el suelo tiene una herida sangrando, van a volver a invertir 15 minutos en explicar dónde está el domicilio. La verdad yo no.
Cómo pudimos y con la esperanza de que no hubiera huesos rotos, movilizamos a mi familiar y usamos una silla de ruedas para llegar a mi vehículo. Con todo el estrés de mundo manejé y llegamos al hospital.
Hago pausa aquí, y es el punto al que quería llegar desde un inicio… al inicio tranquilizarme fue la mejor opción para poder obtener un servicio de traslado que me asegurara no lastimar mas a quien se encontraba en el suelo con una herida sangrante… 20 minutos después, la tranquilidad no era opción, era necesario asegurar que no se perdiera más sangre y que se atendiera de inmediato.
De un momento a otro las prioridades cambian, y aunque tal vez alguien me trate de convencer de lo contrario, se que hice lo correcto porque en ambos escenarios mi prioridad fue la integridad física de quien cayó.
El día de hoy, 3 días después estamos recibiendo noticias de que es muy probable salir del hospital y mañana dormir en casa. Los doctores aquí han sido fantásticos, el cuerpo de enfermería de lujo (cada uno y cada una de ellos), hasta las personas de intendencia se han preocupado de que tengamos todo a la mano… bueno, me mandaron un café a la habitación el primer día cuando me vieron más estresado.
El único sin sabor que me dejo, es la segunda persona que me atendió en el servicio de 9-1-1… si la premier persona no era quien vendría, no me hubiera robado esos 15 minutos en una explicación inútil, me hubiera comunicado con la segunda para poder ubicarlo y que me hubieras ayudado. Pero en fin.
Las emergencias nos cambian la percepción de un momento a otro… no siempre se puede, pero un equilibrio entre el instinto y la razón debería ser lo mejor para hacer. A veces se puede… a veces no.

Deja un comentario